Monday, October 16, 2006


La actividad humana no es absolutamente reductible a unos procesos de producción y de conservación y el consumo debe ser dividido en dos partes diferentes. La primera, reductible, está representada para los individuos de una sociedad determinada, por el uso del mínimo necesario para la subsistencia de la vida y la continuación de la actividad productiva: es decir, se trata simplemente de la condición fundamental de esta última. La segunda parte está representada por los gastos llamados improductivos, el lujo, los lutos, las guerras, los cultos, las construcciones de monumentos suntuarios, los juegos, los espectáculos, las artes, la actividad sexual “perversa” (es decir, desviada de la finalidad genital) representan otras tantas actividades que, al menos en las condiciones primitivas, tienen su fin en sí mismas. Ahora bien, es necesario limitar el nombre de gasto a estas formas improductivas, con exclusión de todos los modos de consumo que sirven de salida a la producción, Aunque siempre sea posible oponer entre sí las diferentes formas enumeradas, constituyen un conjunto caracterizado por el hecho de que en cada caso se hace hincapié sobre la pérdida que debe ser lo mayor posible para que la actividad adquiera su auténtico sentido.

Este principio de la pérdida, es decir, del gasto incondicional, por contrario que sea al principio económico de la contabilidad (el gasto regularmente compensado por la adquisición), el único racional en el estricto sentido de la palabra, puede evidenciarse con ayuda de un pequeño número de ejemplos extraídos de la experiencia corriente (a pesar que el termino experiencia sea conflictivo en Bataille, pero ese es otro tema):

Los cultos exigen un despilfarro sangriento de hombres y de animales sacrificados. En el sentido etimológico de la palabra, el sacrificio no es otra cosa que la producción de cosas sagradas.
Desde el primer momento, se descubre que las cosas sagradas están constituidas por una operación de pérdida: el éxito del cristianismo debe explicarse precisamente por el valor del tema de la crucifixión infamante del hijo de Dios que lleva la angustia humana a una ilimitada representación de la pérdida y de la ruina.

No basta con que las joyas sean bellas y deslumbrantes, cosa que permitiría su sustitución por otras falsas: el sacrificio de una fortuna a la que se ha preferido una diadema de diamantes es necesario para la constitución del carácter fascinante de esta diadema. Este hecho debe ser relacionado con el valor simbólico de las joyas, general en psicoanálisis. Cuando un diamante tiene en un sueño una significación excremencial, no se trata únicamente de asociación por contraste: en el inconsciente, tanto las joyas como los excrementos son unas materias malditas que manan de una herida, partes de uno mismo destinadas a un ostensible sacrificio (sirven de hecho a unos regalos suntuosos cargados de amor sexual). El carácter funcional de las joyas exige su inmenso valor material y es lo único que explica la poca atención que se presta a las más bellas imitaciones, que son casi inutilizables.

En los diferentes juegos de competición, la pérdida se produce, en general, en unas condiciones complejas. Se gastan considerables sumas de dinero para el mantenimiento de los locales, de los animales, de los instrumentos o de los hombres. En lo posible, la energía se prodiga de manera que provoque un sentimiento de estupefacción, en cualquier caso con una intensidad infinitamente mayor que en las empresas productivas. No se evita el peligro de muerte que constituye, al contrario, el objeto de una fuerte atracción inconsciente. Por otra parte, a veces las competiciones ofrecen la ocasión de recompensas notoriamente distribuidas. Asisten a ellas inmensas muchedumbres, que a menudo desencadenan sus pasiones sin ningún control y se arriesgan a la pérdida de increíbles cantidades de dinero bajo forma de apuestas. Es cierto que esta circulación de dinero aprovecha a un pequeño número de jugadores profesionales, pero esto no excluye que esta circulación pueda ser considerada como una carga real de las pasiones desencadenadas por la competición y que ocasione en un gran número de jugadores unas pérdidas desproporcionadas a sus medios; los jugadores no tienen otra solución que la prisión o la muerte. Además, según las circunstancias, diferentes modos de gasto improductivo pueden ir relacionados con los grandes espectáculos de competición: al igual que unos elementos animados por un movimiento propio son atraídos por un torbellino mayor. De esta manera, las carreras de caballos van asociadas a unos procesos de clasificación social de carácter suntuario (basta con mencionar la existencia de los Teletraks) y la producción ostentosa de las lujosas novedades de la moda. Hay que tener en cuenta, además, que el gasto total representado por las carreras actuales es insignificante comparado con las extravagancias de los bizantinos que relacionaban con las competiciones hípicas el conjunto de la actividad pública.

Desde el punto de vista del gasto, las producciones artísticas deben ser divididas en dos grandes categorías: la primera de las cuales está integrada por la construcción arquitectónica, la música y la danza. Esta categoría implica unos gastos reales. De todas maneras, la escultura y la pintura, sin mencionar la utilización de unos lugares para ceremonias o espectáculos, introducen en la propia arquitectura el principio de la segunda categoría, el del gasto simbólico. Por su parte, la música y la danza pueden cargarse fácilmente de significaciones exteriores.

Bajo su forma mayor, la literatura y el teatro, que constituyen la segunda categoría, provocan la angustia y el horror mediante unas representaciones simbólicas de la pérdida trágica (ruina o muerte); bajo su forma menor, provocan la risa a través de unas representaciones cuya estructura es análoga, pero que excluyen algunos elementos de seducción. El término de poesía, que se aplica a las formas menos degradadas y menos intelectualizadas de la expresión de un estado de pérdida, puede considerarse como sinónimo de gasto. Significa, en efecto, de la manera más precisa, creación por medio de la pérdida. Por consiguiente, su sentido es próximo al de sacrificio. Es cierto que el nombre de poesía sólo puede aplicarse de manera apropiada a un residuo extremadamente raro de lo que suele designar vulgarmente y que, a falta de una previa reducción, pueden introducirse las peores confusiones; ahora bien, es imposible en una primera y rápida exposición hablar de los límites infinitamente variables entre unas formaciones subsidiarias y el elemento residual de la poesía. Es más fácil indicar que para los escasos seres humanos que disponen de este elemento, el gasto poético deja de ser simbólico en sus consecuencias. es decir, en una cierta medida, la función de representación compromete la propia vida del que la asume. Le aboca a las más decepcionantes formas de actividad, a la miseria, a la desesperación, a la búsqueda de sombras inconsistentes que sólo, pueden ofrecer el vértigo o la rabia. Es frecuente no poder disponer de las palabras más que para su propia pérdida. verse obligado a elegir entre un destino que convierte al hombre en un réprobo, tan profundamente separado de la sociedad como las deyecciones lo están de la vida aparente, y una renuncia cuyo precio es una actividad mediocre, subordinada a unas necesidades vulgares y superficiales.

Una vez indicada la existencia del gasto como una función social, es preciso determinar las relaciones de esta función con las de producción y adquisición que se le oponen. Estas relaciones se presentan inmediatamente como las de un fin con la utilidad. Y si bien es cierto que la producción y la adquisición cambian de forma al desarrollarse e introducen una variable cuyo conocimiento es fundamental para la comprensión de los procesos históricos, no son, sin embargo, más que medios subordinados al gasto. Por muy atroz que resulte, la miseria humana nunca ha tenido un dominio suficiente sobre las sociedades como para que la preocupación de la conservación, que confiere a la producción la apariencia de un fin, domine sobre la del gasto improductivo. Para mantener esta preeminencia, como el poder es ejercido por las clases que gastan, la miseria ha sido excluida de cualquier actividad social: y los miserables no tienen otro modo de penetrar en el círculo del poder que la destrucción revolucionaria de las clases que lo ocupan, es decir, un gasto social sangriento e ilimitado.

El carácter secundario de la producción y de la adquisición en relación al gasto aparece de la manera más clara en las instituciones económicas primitivas, por el hecho de que el intercambio sigue siendo considerado como una pérdida suntuaria de los objetos cedidos: se presenta así, en la base, como un proceso de gasto sobre el cual se ha desarrollado un proceso de adquisición. La economía clásica ha imaginado que el intercambio primitivo se producía bajo forma de trueque: no tenía, en efecto, ningún motivo para suponer que un medio de adquisición como el intercambio pudiera haber tenido por origen, no la necesidad de adquirir que satisface actualmente, sino la necesidad contraria de la destrucción y de la pérdida. La concepción tradicional de los orígenes de la economía no ha sido derribada hasta hace muy poco tiempo, tan poco como para que un gran número de economistas siga representando arbitrariamente el trueque como el antepasado del comercio.

El don no es la única forma del potlatch; es igualmente posible desafiar a unos rivales mediante espectaculares destrucciones de riqueza. A través de esta última forma, el potlatch se identifica con el sacrificio religioso, puesto que las destrucciones son ofrecidas teóricamente a los antepasados míticos de los donatarios. En una época relativamente reciente, seguía sucediendo que un jefe tlingit se presentara ante su rival y degollara alguno de sus propios esclavos ante él. Esta destrucción era devuelta en un plazo determinado por el degollamiento de un número de esclavos mayor. Los chukchi del extremo nordeste siberiano, que conocen unas instituciones análogas al potlatch, degüellan jaurías de perros de un valor considerable a fin de avergonzar y humillar a otro grupo. En el noroeste americano, las destrucciones llegan hasta los incendios de aldeas y el destrozo de flotillas de canoas. Unos lingotes de cobre sellados, especie de monedas a las que a veces se atribuye un valor ficticio que llega a constituir una inmensa fortuna, son rotos o lanzados al mar. El delirio propio de la fiesta se asocia indistintamente con las hecatombes de propiedad y con los dones acumulados con la intención de asombrar y de anonadar.

La usura, que interviene regularmente en estas operaciones bajo forma de excedente obligatorio con motivo de los potlatch de desquite, ha llevado a decir que el préstamo con interés debía sustituir al trueque en la historia de los orígenes del intercambio. Hay que reconocer, en efecto, que en las civilizaciones de potlatch la riqueza se multiplica de una manera que recuerda la inflación crediticia de la civilización bancaria: es decir, sería imposible realizar a un tiempo todas las riquezas poseídas por el conjunto de los donadores por el hecho de las obligaciones contraídas por el conjunto de los donatarios. Pero esta similitud se refiere a una característica secundaria del potlatch.

Lo que confiere a esta institución su valor significativo es la constitución de un atributo positivo de la pérdida, de la que se desprenden la nobleza, el honor y el rango en la jerarquía. El don debe ser considerado a un tiempo como una pérdida y como una destrucción parcial, ya que el deseo de destruir es trasladado en parte al donatario. En sus formas inconscientes, tal como las describe el psicoanálisis, simboliza la excreción, relacionada en sí misma con la muerte según la conexión fundamental del erotismo anal y el sadismo. El simbolismo excremencial de los cobres blasonados, que constituyen en la costa noroeste los objetivos de don por excelencia, está basado en una mitología muy rica. En Melanesia, el donador designa como si fueran sus residuos los magníficos regalos que deposita a los pies del jefe rival.

Las consecuencias en el orden de la adquisición no son más que el resultado involuntario -al menos en la medida en que los impulsos que dirigen la operación sigan siendo primitivos- de un proceso dirigido en sentido contrario. «Lo ideal, señala Mauss, sería dar un potlatch y que éste no fuera devuelto.» Este ideal se realiza a través de algunas destrucciones a las que la costumbre no conoce ninguna contrapartida posible. Por otra parte, al estar, en cierto modo, comprometidos de antemano los frutos del potlatch en un nuevo potlatch, el principio arcaico de riqueza se pone en evidencia sin ninguna de los atenuantes que resultan de la avaricia desarrollada en estadios posteriores: la riqueza aparece como adquisición en tanto que es el hombre rico quien adquiere un poder, pero está enteramente dirigida hacia la pérdida en el sentido de que este poder se caracteriza como poder de perder. Sólo se relaciona con la gloria y el honor a través de la pérdida.

Visto como juego, el potlatch es lo contrario de un principio de conservación: acaba con la estabilidad de las fortunas tal como existía en el interior de la economía totémica, donde la posesión era hereditaria. Una actividad de intercambio excesivo ha sustituido por una especie de póker ritual, de forma delirante, a la herencia como fuente de la posesión. Pero los jugadores no pueden retirarse con la fortuna a salvo: quedan a merced de la provocación. Por consiguiente, la fortuna no tiene en absoluto la función de situar a quien la posee al abrigo de la necesidad. Al contrario, permanece funcionalmente, y con ella su posesor, a merced de una necesidad de pérdida desmesurada que existe en estado endémico en un grupo social.

Sunday, September 03, 2006


¿Exclusión Cartesiana de la locura?
Foucault-Derrida

“...En fin, aun entonces no creo que mi locura sea
la de persecución, ya que mis sentimientos en estado
de exaltación desembocan más bien en las
preocupaciones de la eternidad y de la vida eterna...”
(Van Gogh. Ultimas cartas desde la locura)

“¿y como podría negar que estas manos y este cuerpo son míos? A menos que me compare con esos insensatos cuyo cerebro está de tal modo turbado y ofuscado por los negros vapores de la bilis que aseguran constantemente que son reyes, siendo muy pobres, que están vestidos de oro y púrpura, hallándose desnudos, o que se imaginan que son cantaros o que tienen un cuerpo de vidrio. Pero son locos y yo no seria menos extravagante si me condujera según su ejemplo”[1]
¿Como suponer que el pensamiento cartesiano (por mas refutable que sea) no exige una critica dentro de la actualidad –moderna o posmoderna (?)- o que en la interminable tarea de los filósofos es intocable alguna arista del circulo cartesiano? Y es precisamente dentro del texto antes citado donde se enmarca la polémica entre Michelle Foucault y Jacques Derrida. En la que cada quien se “juega la vida” por defender su pensamiento, incluso tiene fuerza tal para romper la amistad y la relación profesor alumno que tenían durante años. Conflicto personal que luego de la detención de Derrida en Checoslovaquia por la acusación de tráfico de drogas acabó.
La disputa se refería al mandato del cogito cartesiano con respecto a la historia y la locura. Foucault separaba en Descartes el ejercicio de la locura y el ejercicio del sueño. En el primero la locura era excluida y este decreto de exclusión anunciaba el decreto político del gran encierro.”El encaminamiento de la duda cartesiana parece testimoniar que en el siglo XVII el peligro se halla conjurado y que la locura está fuera del dominio de pertenencia en que el sujeto conserva sus derechos a la verdad: ese dominio que, para el pensamiento clásico es la razón misma. En adelante la locura está exiliada. Si el hombre puede siempre estar loco, el pensamiento, como ejercicio de la soberanía de un sujeto que se considera con el deber de percibir lo cierto, no puede ser insensato.”[2] En el segundo, la locura se contaba entre las capacidades del sujeto cuyas imágenes sensoriales se volvían engañosas bajo la irrupción del genio maligno. Derrida le negaba a Foucault el derecho de realizar un acto de encierro basándose en el cogito.
Donde Foucault le hacía decir a Descartes que “El hombre bien puede estar loco si el cogito no lo está”, Derrida respondía que con el acto del cogito el pensamiento ya no tenia que temer a la locura, porque “el cogito vale también si yo estoy loco”. Por lo tanto, en Descartes, la locura era incluida en el cogito, su grieta es interna a la razón, y el genio maligno no se descartaba mas que para mostrar mejor que el cogito seguía siendo verdadero, incluso en el contexto de un enloquecimiento generalizado. Antes bien, Derrida reivindica no solo el carácter critico de su discurso, sino también la necesidad de que todo discurso critico reconociera su deuda con el objeto criticado. Subraya que la conciencia del discípulo, cuando quiere dialogar con la del maestro, es siempre una conciencia desdichada. Esto lo expresa en la conferencia realizada el 4 de marzo de 1963 en el Colegio de Filosofía. En consecuencia Derrida le reprochaba a Foucault que hubiera constituido un acontecimiento en estructura: la condena de la locura al ostracismo no comenzaba con el cogito sino con la victoria de Sócrates ante los presocráticos “Así pues, cualquiera que sea la relación de los griegos con la Hybris, y de Sócrates con el logos originario, en todo caso es cierto que la razón clásica y ya la razón medieval tienen, por su parte relación con la razón griega, y que es un elemento de esa herencia mas o menos inmediatamente apercibida, mas o menos mezclada con otras líneas tradicionales, como se ha desarrollado la aventura o desventura de la razón clásica. Si la distensión data de Sócrates, entonces la situación del loco en el mundo socrático y post-socrático –suponiendo que hubiese entonces algo que se pudiese llamar loco- merecía quizás que se la interrogara en primer lugar.”[3] Para pensar la historia de la locura, fuera de una totalidad estructural que amenazaba con convertirse en “totalitaria”, había que demostrar que la ruptura entre razón y locura existía en la historia de la filosofía como una figura original que desbordaba considerablemente el sistema en el que la había inscrito Foucault.
Al dar un paso hacia delante en el proyecto Foucaultiano de investigar en la locura y su tratamiento, nos debemos mover necesariamente en la medicalización y cientificalización.
En la irrupción de la relación sujeto-objeto, Re-emplazo de la relación griega hombre-mundo, seria imposible tratar de entender (la) -esta ciencia moderna- con el pensamiento antiguo de la episteme griega, o con la scientia medieval.
Enunciando ya esto, intentemos dilucidar algunos rasgos de la singularización de la modernidad.
La ciencia, la técnica, la estética, la cultura y des-diosamiento, son los rasgos fundamentales que nos anuncia Heidegger. La ciencia es una conexión de conocimientos teóricos fundados y ordenados según principios. Los conocimientos se formulan en juicios; estos juicios son verdaderos, valen, y precisamente tiene valor en un sentido estricto, no el acto de juicio que el investigador particular formula al obtener el conocimiento, sino el sentido del juicio, su contenido. Cada ciencia, concebida en la idea de su perfección, es una conexión en sí subsistente, de sentidos que tienen validez. Las ciencias particulares concretas, como hechos culturales, condicionadas culturalmente no están nunca acabadas, sino siempre en camino, en la búsqueda de la verdad. La forma y modo como se encuentran los conocimientos en las ciencias particulares, es decir el método de la investigación, está determinado por el objeto de la ciencia respectiva, y por los puntos de vista bajo los cuales ésta los considera. Los métodos de investigación de las diferentes ciencias trabajan con ciertos conceptos fundamentales cuya estructura lógica tiene que tener en cuenta la teoría de la ciencia.
Heidegger toma a la técnica moderna como intervención en la naturaleza en el sentido de imposición. La técnica desarrolla un modo de intervención que es consecuente con la devastación de la tierra. Dicho desarrollo se basa en esta imposición la que dista de su concepción en la antigüedad donde la técnica se basaba en el descubrimiento
La estética contiene un presupuesto, encierra un prejuicio que tiene que ser cuestionado. Sobre todo el de que el Hombre es el Sujeto del arte, es decir, lo que le subyace, lo que lo sostiene y lo funda, su fundamento necesario y universal, su “razón de ser”. En un escrito de Heidegger, “La época de la imagen del mundo”, que ofrece en sus primeras páginas podemos leer: «Un tercer fenómeno de igual rango en la época moderna es el proceso que introduce al arte en el horizonte de la estética. Esto significa que la obra de arte se convierte en objeto de la vivencia y, en consecuencia, el arte pasa por ser expresión de la vida del hombre»
La cultura entendida como dice Heidegger, es el conjunto del obrar humano, regido por distintos valores
Y por ultimo el desdiosamiento, es la modernización del cristianismo (la relación a los dioses, es de experiencia, de vivencia) El desdiosamiento es el proceso de doble faz por el cual, de un lado, la idea general del mundo se cristianiza, en la medida en que el fundamento del mundo es puesto como infinito, como incondicionado, como absoluto, y por el otro lado el cristianismo transforma su ideal de vida en una visión de mundo (la visión cristiana del mundo) y así se acomoda a los tiempos nuevos. El desdiosamiento es el estado de indecisión con respecto a Dios y con respecto a los dioses. El cristianismo es el principal responsable de su llegada.

Ahora bien la esencia de la ciencia moderna no radica en su exactitud, en su matematicidad, sino más bien radica en su investigación.
La ciencia moderna esta caracterizada por su proceder anticipador (rigor), por lo que acontece dentro de… lo que abre el proyecto (método, experimento) y por su carácter de empresa que invita a la especialización.
El proyecto Foucaultiano se ve en constante paradoja, en cuanto hay conciencia de la locura, pero se pierde en la multiplicidad. Identifica dos conciencias, que son, la conciencia critica, que se caracteriza por haber una relación excluyente, la razón se juega todo por sobreponerse a la locura, es pues una exclusión ontológica, en la que la locura es por la razón.
Y la conciencia practica, es aquí pues donde comienza el internamiento de la locura. La percepción de la locura no es un hecho macizo, homogéneo, sino múltiple, heterogéneo.
A pesar de esto en las dos conciencias –critica y practica- hay teoría y practica conjugadas
Hay también una nueva irrupción donde se distingue un cambio en la conciencia social de la locura, donde también hay conjugadas teoría y practica, irrupción de la conciencia analítica y la conciencia enunciadora.
No es necesario precisar tanto en este ensayo ciertos conceptos, con el afán de no dilatar, de manera que resulte menos tedioso leer.
Dentro de la conciencia analítica se manifiestan las percepciones sensibles acerca de la locura, existe una conciencia palpable del reconocimiento de la locura. La propiedad para enunciar la locura deja se la del yo con el loco, y pasa a ser del loco con los otros (conciencia inquisidora si se toma la imagen de “El gran inquisidor”, óleo de Ismael de la Serna, en la que el juez mira un acto de marionetas), el loco es el otro en medio de los otros, por lo tanto hay una identificación inmediata, lo que produce el ver al loco como algo cercano, no obstante la locura para el yo es lejana (no se sabe lo que es la locura puesto que se determina solo al loco como objeto dentro del mundo).
Hay aquí una identificaron de dos preguntas la pregunta medica y la pregunta critica. La pregunta médica sitúa a la locura en un ámbito natural, por tanto sitúa a la locura ya no en un ámbito negativo, sino más bien en uno positivo. Esto mezclado con la pretensión de la conciencia analítica que busca identificar en la locura aquello que hable de si (razón), nos dará paso a hablar de los rostros de la locura, para luego enmarcarlos en la ciencia moderna medicalizada.
En el siglo XIII los Nosografos, comienzan a identificar tipos de locura, clasificándolos y agrupándolos, con esto la locura pasa a ser otro mal dentro de las enfermedades. Toma también la locura ante la razón una doble razón de ser, “yo soy razonable, el loco es irracional.”, pero con un objetivo medico también la locura merece ser estudiada y comprendida, en la búsqueda Nosografica, se encuentra también la razón.
La locura es una negatividad en la época clásica hasta la medicalizacion.
En cuanto a la hipótesis del genio maligno rescatada por Derrida para antes salvar su planteamiento con respecto a Descartes, ¿no existe acaso una cierta esquizofrenia?, la hipótesis del genio maligno es una hipótesis atrapada, encerrada en la imaginación, “Supondré, pues, que existe, no por cierto u verdadero Dios, que es la soberana fuente de verdad, sino cierto genio maligno, tan astuto y engañador como poderoso, que ha empleado toda su habilidad en engañarme. Pensaré que el cielo, el aire, la tierra, los colores, las figuras, los sonidos y todas las cosas exteriores que vemos no son sino ilusiones y engaños de los que se / sirve para sorprender mi credulidad.”[4] El planteamiento de la hipótesis es justamente lo que la hipótesis pretende interrumpir en pos del cogito es parte de la duda metódica suspender la imaginación, Descartes hace un doble juego en el que dentro hay vacío, en pos de la duda suspendo la imaginación pero para llegar a la duda imagino al genio maligno.
La posición de Derrida no apuntaba a la construcción por Foucault de un dominio de la locura lejano en los archivos, sino a una interpretación demasiado condicionada, por ser demasiado estructuralista, del sistema de las distribuciones. Se trataba de una primera etapa de una crítica interna de la historia del estructuralismo francés –como proceso histórico moderno o posmoderno-, mediante la cual Derrida se propone desconstruir, la utilización, considerada dogmática, de los datos de la lingüística Saussureana en las ciencias humanas.
Derrida emprende un cuestionamiento y propone un replanteamiento del desarrollo del conocimiento humano a través del tiempo, mediante el análisis histórico y conceptual sobre la episteme, el logos y la verdad y el innegable reflejo proyectado en la literatura, como arte que recoge las inquietudes humanas. Con despliegue de reflexiones, el autor argumenta, en el Exergo, que en Occidente ha existido una firme tradición basada en un paralelismo entre el logos (aquí entendido como pensamiento) y la verdad: la historia de la metafísica…. más allá de sus límites aparentes, de los presocráticos a Heidegger, asignó siempre al logos el origen de la verdad en general… En ese orden de ideas, el teórico objeto de nuestro estudio, inicia su planteamiento, con lo que él llama nombres propios de la forma en que más, tales como la Historia de la Metafísica, El pensamiento cartesiano, el Idealismo hegeliano, éste con carácter de contestatario al pensamiento de Rousseau y Lévi –Strauss , las fisuras del Logocentrismo encarnadas en Nietzche, Heidegger y Freud, así como nombres comunes como el lenguaje, la escritura, el significado, el signo y el suplemento. La primera parte es recorrida por una constante: la propuesta de no olvidar lo que él denomina el centro; Derrida parece querernos comunicar la urgente necesidad de un replanteamiento que implica un destino que va más allá de las oposiciones: significado/significante, verdad/mentira, razón/espíritu, saber/poder; propone una des-construcción que tiene su fuente en este logos, pero, agregaríamos nosotros, sin desatender el logos mismo. La posibilidad de desconstrucción surge… desde el interior, extrayendo de la antigua estructura todos los recursos estratégicos y económicos de la subversión, extrayéndoselos estructuralmente, vale decir sin poder aislar en ellos elementos y átomos. Así entonces queda claro que la atención sobre el logos no implica eliminaría el carácter de sospechosa, por ejemplo, de la idea hegeliana, que asimilaba el signo a la idea, así como del cogito cartesiano que hacía supeditar la existencia al pensamiento. Podemos afirmar entonces que en la sospecha subyace la atención.






Pablo Zúñiga Molina
[1] Rene Descartes, “Obras Escogidas”,BB. AA., Sudamericana, Pág.217.
[2] Michelle Foucault, “Historia de la locura en la época clásica I”, México, FCE, Pág. 78
[3] Jacques Derrida, “La escritura y la diferencia”, “Cogito e Historia de la Locura”, Pág. 61
[4] Rene Descartes, “Obras Escogidas”,BB. AA., Sudamericana, Pág.221

Tuesday, August 08, 2006


Mai mai peñi Diógenes


“El lenguaje escrito es una
creación del hombre, es una experiencia
humana, y en cierta forma, también es
vida”
(Mario Benedetti. Nicanor Parra o el artefacto con laureles)

“o nos salvamos juntos
o nos hundimos separados”
(Juan Rulfo)
*



No resulta muy complicado crear una comparación entre Diógenes de Sinope y otro personaje, más aun si este personaje lleva por nombre Nicanor Parra. La intención de ninguna manera es encasillar a Parra en el cinismo y menos encasillar su antipoesía. La intención simplemente es identificar ciertos rasgos cínicos en la poesía antipoética de Parra. Nos resultaría muy difícil asumir un modo de vida cínica de Nicanor Parra debido al poco conocimiento que se tiene de su cotidianidad, de su diario vivir. Pero lo que si es certero es que su antipoesía esta llena de irreverencias, de ironías, de burlas de lo que está ya establecido y concordado por la sociedad. Es de esta misma sociedad moderna donde Nicanor Parra apunta su crítica en el discurso mai mai peñi -discurso brindado al recibir el premio Juan Rulfo- y a lo largo de toda su carrera literaria en la que se ha dedicado incansablemente en desconstruir a la poesía convencional. Critica que se hace latente y explicita en el poema (o antipoema) “los vicios del mundo moderno”
…Como queda demostrado, el mundo moderno se compone de
/flores artificiales
que se componen en unas campanas de vidrio parecidas a la
/muerte…
[1]
La antipoesía comienza su labor diseminadora desde la relatividad del hablante, de la figura del antipoeta. Aquí se presenta la primera característica que muestra la antipoesía formando parte del contexto actual: un yo diseminado y relativizado, producto de una interacción social y de una cultura, con características propias a un entorno, pero a su vez un sujeto universal.
El punto que une constantemente y que justifica a la antipoesía es precisamente su relación con el cambio. El contexto ha generado una reflexión acerca de qué es lo que realmente permanece y qué es lo que cambia, a partir de la crítica que se le hace a la modernidad.
Al referirse a la modernidad, se ha hecho hincapié en el legado de una cultura basada en una idea metafísica de conocimiento y que ha impulsado el ideal de progreso y desarrollo como medios liberadores de los seres humanos. Lo que sostiene la modernidad entonces, es la fe en la razón. La razón, a su vez, se guía por reglas lógicas del pensamiento, que sean capaces de conducir al individuo hacia un conocimiento cabal del entorno, hacia una forma universal que le permita explicar los fenómenos y encasillarlos de manera inteligible.
El posterior desarrollo de la sociedad, comienza a poner en duda la real existencia de un objeto que pueda ser conocido por un sujeto. Desde el cubismo de Picasso de principios de siglo, hasta las teorías filosófico-biológicas de Maturana, lo que se ha venido repitiendo es una conclusión: el hombre es incapaz de reconocer las cosas que se le presentan en la realidad.
Vivimos en mundos simbólicos creados por el lenguaje, un lenguaje que pasa de tener un rol pasivo, a tener un rol activo, generador de cambio.
El que la antipoesía incluya el lenguaje cotidiano en su complejidad, va mas allá de un nuevo estilo purificador de las letras. Si se toma en cuenta que el lenguaje genera realidad, que constituye por si mismo una acción, entonces las reglas lógicas que lo encasillen con el fin de llegar a una verdad comienzan a desaparecer. Es por esto justamente la comparación con Diógenes de Sinope, por el lenguaje como símbolo, la chreía se da en Nicanor Parra producto meramente del lenguaje, la practica esta contenida en su antipoesía, como esta contenida en el defecar en la calle de Diógenes, Parra defeca y ventosea en la poesía

…Mímica x un lado voz y palabra x otro
Vale la pena recordar también el discurso huidobriano de una sola palabra repetida hasta las náuseas en todos los tonos imaginables…
[2]

Destruye completamente al lenguaje pero no de la manera Huidobriana, sino más bien ocupando distintos símbolos dentro de un mensaje, recordemos pues el famoso Picopalquelee, o sin ir mas lejos, en un discurso dado por el mismo en el que el espectador es auditor, Parra ocupa símbolos, mezcla signos, crea un idioma “Parriano”
…Qué se hace en un caso como éste x + que me pellizco no despierto…
[3]

La burla a Huidobro no se queda solo aquí, encontramos en muchos de sus escritos, criticas a la poesía convencional, a Huidobro, a Neruda, a Mistral. La razón de esto puede deberse a, una intención de romper con estos monstruos de la poesía Chilena, y si asumimos las criticas de san Agustín a Diógenes, quien condena a los cínicos, por manifestar una opinión directamente opuesta a la modestia humana, una opinión perruna, indecente. La explicación que da Agustín a la práctica de Diógenes de practicar el sexo en público debido a un afán de publicidad de la “escuela”. Podemos compararlo con Parra. Existe una ambigüedad de Nicanor Parra por lo menos en la entrevista brindada a Benedetti, en la cual reconoce el ser un poeta político en tanto la cultura es un proceso político superior (con esto Parra se pretende mostrar como un político “profundo”, no de la politiquería)
[4] confrontándose con lo que antes dice en la misma entrevista con respecto a no saber que tipo de poeta es. Parra juega con la publicidad de la poesía, juega con su publicidad (podemos referirnos a los arte-factos). La critica directa a la pseudo intelectualidad poética la vemos manifestada en su antipoesía “manifiesto”
-y esto lo digo con mucho respeto-
Deben ser procesados y juzgados
Por construir castillos en el aire
Por malgastar el espacio y el tiempo
Redactando sonetos a la luna
Por agrupar palabras al azar
A la última moda de Paris
A nosotros no:
El pensamiento no nace en la boca…
[5]

¿Y no es esto precisamente lo que quería hacer Diógenes, romper con todo parámetro establecido? Al ocupar símbolos en un discurso en el que los auditores no se dan cuenta de lo que esta escrito en el papel Nicanor Parra se ríe del lenguaje se ríe de sus auditores y se ríe de si mismo.
Destruye toda una teoría de Derridá en su discurso en Guadalajara con la simple frase: vive la différence, con la necesidad de dar comienzo a un nuevo milenio y romper con la estructura articulada en el siglo XX. Al estilo de Diógenes, Parra crea la chreía. Enfrentemos pues un tema por ambos personajes tomada en cuenta. Para Diógenes la manera de demostrar su desdén no solo con el cuerpo sino por la práctica ritual era pedir que lo enterraran boca abajo. O sea, si pensamos en el cuerpo de Diógenes como representación del cuerpo de la sociedad
[6], la sociedad al estar enterrada boca abajo estará invertida. Nicanor Parra mientras tanto, nos muestra en “soliloquio del individuo”[7] su pensamiento acerca de la degeneración de la vida por los avances y la convencionalidad, y su intención por hacer el camino hacia atrás, por ultimo también el desdén por la vida.
Mejor es tal vez que vuelva a ese valle,
A esa roca que me sirvió de hogar,
Y empecé a grabar de nuevo,
De atrás para adelante grabar
El mundo al revés.
Pero no: la vida no tiene sentido

¿Podría encasillarse a Parra dentro de algún parámetro? Me parece, como ya lo dije antes, que no es esta la intención del ensayo, ahora bien es bastante iluso el desafió.
Desgraciadamente yo no soy un poeta político; no soy un poeta que trabaja con Ideas ni con sentimientos. Yo no sé con qué demonios trabajo.
[8]
Parra juega ironizando acerca de todo, pero sí nos damos cuenta a lo largo de su lectura, que mantiene una estrecha relación con la naturaleza, la encontramos en “defensa del árbol”, “hay un día feliz”, etc. Pero donde se hace manifiesta explícitamente esta relación es en el discurso Mai mai peñi.
Huye de toda forma y de todo lenguaje que no vayan acordes con el ritmo latente de la vida profunda... y adora intensamente la vida, y que la vida comprenda tu homenaje
y punto final: mira al sapiente búho cómo tiende las alas desde el Olimpo, deja el regazo de Palas y posa en aquel árbol el vuelo taciturno... él no tiene la gracia del cisne, mas su inquieta pupila que se clava en la sombra interpreta el misterioso libro del silencio nocturno.
[9]

Adentrémonos pues, a un “intento”de análisis de ciertos momentos del discurso de Guadalajara. Los valores tradicionales de la cultura mexicana representados en Rulfo, poder de concordancia, cohesión y estabilidad en las relaciones humanas­, parecen desunirse. Parece ser angustioso para él vincularse o tomar conciencia de un México que apela a la condición fragmentaria, disolvente de todo sentimiento de unidad de la vida y de la cultura cotidiana en los espacios urbanos del mundo contemporáneo. Parece ser que en una primera instancia de esta travesía mental que comprende el Discurso de Guadalajara, los presupuestos con los que el poeta chileno ingresa a la cultura mexicana van siendo alterados, por lo que se asigna una nueva experiencia, un “redescubrimiento” del mundo. Justamente esta tentativa del reconocimiento inesperado de la protesta de un mundo es lo que nos quiere comunicar, y aquello para lo cual Parra solicita nuestra adhesión:
Cuál es la moraleja de este cuento: Que parece estar alargándose más de la cuenta Muy sencillo señoras y señores Hay que volver a releer a Rulfo Yo no lo conocía créanmelo Me encantaba Pero eso era todo No lo había leído en profundidad Ahora veo como son las cosas
[10]

El mundo de Rulfo, su persona, es invocado como el lugar de resguardo y protección contra la temporalidad y la agresión de la sociedad en que realmente se vive. La evasión del poeta en su experiencia de Rulfo, el movimiento hacia la conciencia de un mundo mejor, tiene su origen en la experiencia insoportable de la brevedad de la existencia:
No sé que decir A los 77 años de edad He visto la luz + que la luz he visto las tinieblas
[11]

El entusiasmo ceremonial que caracteriza a un posible discurso de agradecimiento es atenuado en Parra por reflexiones irónicas o disparatadas, empleando un lenguaje carente de pompas. En esta línea de exposición, Parra adoptará el uso de formas de composición y modos expresivos del habla popular. Así, el antidiscurso académico o el discurso de sobremesa como lo ha definido el mismo poeta chileno, se va definiendo por el uso deliberado y provocador de vulgaridades y efectos del collage verbal, dentro de un espíritu anárquico. Así, el discurso de agradecimiento se transforma en una empresa de reconocimiento y en la apertura de un hombre aquejado por la conciencia de la insignificancia del premio, apenado ante la antipatía, ante la inutilidad de la cultura como expresión de la humanidad tras el holocausto de Auschwitz, y ante el español como lengua muerta.
Este intento de comunicación y persuasión hacia México y la humanidad se funda en la presuposición parriana de una coincidencia fundamental (de imaginarios y obsesiones acerca de la existencia y el mundo) entre el poeta y los receptores del discurso de agradecimiento.
Este antidiscurso se presenta como un vigilante acusador de las deformaciones de las ideologías que sustentan el poder mexicano y latinoamericano. En su construcción puede observarse un «héroe antipoético» (el mismo Parra) que se desplaza por la cultura mexicana y que observa desde el interior de los lugares públicos o de los espacios urbanos; la ironía o el sarcasmo que sacan a la luz lo oculto, que vuelven sospechoso lo evidente, que cavan y hacen visible un vacío ante lo que parecía sólido o confiable. El antidiscurso desgarra al lector y al oyente mexicano y al mundo cotidiano que este habita, pero no lo hace sin exponerse, porque él mismo está implicado como estructura en el juego de significaciones: su propio cuerpo lingüístico se presenta igualmente desgarrado.
Solo la conciencia de Parra deliberadamente entregada a la ingenuidad ha permitido el reconocimiento de una permanencia de la cultura mexicana como la misma de antes. Sin embargo, la posición del poeta no es sólo ingenua; él se nos ha mostrado también en una relación de ironía con respecto al mundo puesto y reconocido:
Agradezco los narco-dólares Harta falta que me venían haciendo Pero mi gran trofeo es Pedro Páramo
[12]

Desde el punto de vista de la retórica, se podría decir que la totalidad del poema-discurso desarrolla una atenuación, figura que consiste en no expresar todo lo que se quiere dar a entender, sin que por esto deje de ser comprendida la intención del que habla. En este sentido, el antidiscurso academicista puede concebirse como una operación de desarticulación de los recubrimientos ideológicos de la realidad. El lenguaje es puesto en evidencia como instrumento de ocultación y el antidiscurso se presenta como construcción y artificio: se pone en duda a sí mismo y a su autor. Así Parra aparece como un sujeto balbuceante, inseguro y un tanto estupefacto, que no puede presentar una personalidad definida ni una visión de mundo estructurada. De este modo, la posición o actitud del poeta se nos muestra a través de un discurso paradójico, en el cual se presenta una afirmación, que a continuación es relativizada progresivamente.
Lo más interesante del texto parece ser su compromiso con la indisciplina. Y en este decidido esfuerzo de trasgresión, Parra opta por una táctica: la de, en primera instancia, condescender con el público mexicano y con su cultura. Parra alaba deliberadamente a Rulfo (él no es nadie comparándose al escritor mexicano). Es la adulación extrema para poder seguir contando con la atención y la aprobación de un público a quienes debe preparar para exponer con rudeza lo que realmente quiere denunciar (explicación fuerte, incluso agresiva: posibilidad cierta de interrupción). Parra debe asegurar (se) de contar con la atención del público (ya “domesticado”), muy dispuesto a oír. Denuncia que los mexicanos miran con recelo, que escuchan con desconfianza. Así, el clima en la sala se torna violento. Ese es el triunfo de Parra: el aire se rarifica, lo rancio aflora. Hay una sensación de preocupación en los presentes.
Sin embargo, Parra articula una táctica que transita entre la agresión y la adulación: parece terminar convenciendo a los oyentes de sus méritos para el reconocimiento, como de su contribución a la cultura latinoamericana. Un golpe final magistral, que termina con todos como amigos, con el deber cumplido de la magna tarea que se ha propuesto el antipoeta: que todos nos “saquemos los balazos”
[13], expresión típica nuestra que justifica la necesidad de un animador dentro de un círculo criollo.
Notoriamente en el discurso Parriano se funda inmediatamente el comportamiento Diogeniano, se ve la “practica-teórica” de manera tangible.
























Me retracto de todo lo dicho

Antes de despedirme
Tengo derecho a un último deseo:
Generoso lector
Quema este libro
No representa lo que quise decir.

Mi situación no puede ser más triste
Fui derrotado por mi propia sombra:
Las palabras se vengaron de mí.

Perdóname lector
Amistoso lector
Que no me pueda despedir de ti con un abrazo
Con un abrazo fiel:
Me despido de ti
Con una triste sonrisa forzada

Puede que yo no sea más que eso
Pero oye mi última palabra:
Me retracto de todo lo dicho.
Con la mayor amargura del mundo
Me retracto de todo lo que he dicho.









Pablo Zúñiga








* tomado de la apertura del discurso de Nicanor Parra con motivo del premio Juan Rulfo
[1] Parra, Nicanor. “los vicios del mundo moderno”. En Poemas & antipoemas. 1edición. editorial universitaria. 1998. p.93
[2] Parra, Nicanor. “Mai mai peñi: discurso de Guadalajara” noviembre 1991 www.wordtheque.com/pls/wordtc/new_ wordtheque.w6_start_cl.doc?code=33877&lang=ES
[3] Ídem.
[4] Léase. Benedetti, Mario. Nicanor Parra o el artefacto con laureles. Entrevista realizada para la revista Marcha, 17 de octubre de 1969, pp.13-15.
[5] Parra, Nicanor. “manifiesto”. En obra gruesa. Editorial Andrés Bello. P.154
[6] Crf. Douglas. Marry. “Social Preconditions of Enthusiasm and Heterodoxy”. En forms of symbolic actions: proceedings of the 1969 annual spring meeting of the American ethnological society, ed. Robert F. Spencer, Seattle. 1969. p.71
[7] Parra, Nicanor. “Soliloquio del individuo”. En Poemas & antipoemas. 1edición. editorial universitaria. 1998. p.97.98.99.100.
[8] Benedetti, Mario. Nicanor Parra o el artefacto con laureles. Entrevista realizada para la revista Marcha, 17 de octubre de 1969, pp.13-15.

[9] Parra, Nicanor. “Mai mai peñi: discurso de Guadalajara” noviembre 1991
[10] Ídem.
[11] Ídem.
[12] Ídem.
[13] Ídem.

Tuesday, May 09, 2006


Medicalización de los rostros de la locura (y) en la modernidad

“La demencia en el individuo es algo raro;
En los grupos, en los partidos, en los pueblos, en las épocas, es la regla.”
Friedrich Wilhelm Nietzsche



Sin duda alguna es bastante ambicioso tratar de emprender el proyecto de Foucault, más aun si se quiere dar un salto hacia adelante para situar a la locura (específicamente lo tratado en los rostros de la locura), en una época post-clásica, con el afán bastante complejo de intentar entender a la locura con la irrupción de la ciencia y la medicina moderna.
Al dar un paso hacia delante en el proyecto Foucaultiano de investigar en la locura y su tratamiento, nos debemos mover necesariamente en la medicalización y cientificalización.
En la irrupción de la relación sujeto-objeto, Re-emplazo de la relación griega hombre-mundo, seria imposible tratar de entender (la) -esta ciencia moderna- con el pensamiento antiguo de la episteme griega, o con la scientia medieval.
Enunciando ya esto, intentemos dilucidar algunos rasgos de la singularización de la modernidad.
La ciencia, la técnica, la estética, la cultura y des-diosamiento, son los rasgos fundamentales que nos anuncia Heidegger. La ciencia es una conexión de conocimientos teóricos fundados y ordenados según principios. Los conocimientos se formulan en juicios; estos juicios son verdaderos, valen, y precisamente tiene valor en un sentido estricto, no el acto de juicio que el investigador particular formula al obtener el conocimiento, sino el sentido del juicio, su contenido. Cada ciencia, concebida en la idea de su perfección, es una conexión en sí subsistente, de sentidos que tienen validez. Las ciencias particulares concretas, como hechos culturales, condicionadas culturalmente no están nunca acabadas, sino siempre en camino, en la búsqueda de la verdad. La forma y modo como se encuentran los conocimientos en las ciencias particulares, es decir el método de la investigación, está determinado por el objeto de la ciencia respectiva, y por los puntos de vista bajo los cuales ésta los considera. Los métodos de investigación de las diferentes ciencias trabajan con ciertos conceptos fundamentales cuya estructura lógica tiene que tener en cuenta la teoría de la ciencia.
Heidegger toma a la técnica moderna como intervención en la naturaleza en el sentido de imposición. La técnica desarrolla un modo de intervención que es consecuente con la devastación de la tierra. Dicho desarrollo se basa en esta imposición la que dista de su concepción en la antigüedad donde la técnica se basaba en el descubrimiento
La estética contiene un presupuesto, encierra un prejuicio que tiene que ser cuestionado. Sobre todo el de que el Hombre es el Sujeto del arte, es decir, lo que le subyace, lo que lo sostiene y lo funda, su fundamento necesario y universal, su “razón de ser”. En un escrito de Heidegger, “La época de la imagen del mundo”, que ofrece en sus primeras páginas podemos leer: «Un tercer fenómeno de igual rango en la época moderna es el proceso que introduce al arte en el horizonte de la estética. Esto significa que la obra de arte se convierte en objeto de la vivencia y, en consecuencia, el arte pasa por ser expresión de la vida del hombre»
La cultura entendida como dice Heidegger, es el conjunto del obrar humano, regido por distintos valores
Y por ultimo el desdiosamiento, es la modernización del cristianismo (la relación a los dioses, es de experiencia, de vivencia) El desdiosamiento es el proceso de doble faz por el cual, de un lado, la idea general del mundo se cristianiza, en la medida en que el fundamento del mundo es puesto como infinito, como incondicionado, como absoluto, y por el otro lado el cristianismo transforma su ideal de vida en una visión de mundo (la visión cristiana del mundo) y así se acomoda a los tiempos nuevos. El desdiosamiento es el estado de indecisión con respecto a Dios y con respecto a los dioses. El cristianismo es el principal responsable de su llegada.

Ahora bien la esencia de la ciencia moderna no radica en su exactitud, en su matematicidad, sino más bien radica en su investigación.
La ciencia moderna esta caracterizada por su proceder anticipador (rigor), por lo que acontece dentro de… lo que abre el proyecto (método, experimento) y por su carácter de empresa que invita a la especialización.
Asumiendo ya estos factores que inciden directamente en la modernidad puesto que la enmarcan, fijan su límite y la regulariza, tratemos de adentrarnos en el capitulo de la historia de la locura en la época clásica. Antes bien, brevemente intentaré hacer un pseudo resumen del capitulo titulado “el loco en el jardín de las especies” con el afán de introducir a “los rostros de la locura” en cierto contexto histórico-social.
El proyecto Foucaultiano se ve en constante paradoja, en cuanto hay conciencia de la locura, pero se pierde en la multiplicidad. Identifica dos conciencias en la primera parte del capitulo, las cuales son, la conciencia critica, que se caracteriza por haber una relación excluyente, la razón se juega todo por sobreponerse a la locura, es pues una exclusión ontológica, en la que la locura es por la razón.
Y la conciencia practica, es aquí pues donde comienza el internamiento de la locura. La percepción de la locura no es un hecho macizo, homogéneo, sino múltiple, heterogéneo.
A pesar de esto en las dos conciencias –critica y practica- hay teoría y practica conjugadas
Ya en la segunda parte del capitulo distingue un cambio en la conciencia social de la locura, donde también hay conjugadas teoría y practica, irrupción de la conciencia analítica y la conciencia enunciadora.
No es necesario precisar tanto en este ensayo ciertos conceptos, con el afán de no dilatar, de manera que resulte menos tedioso leer.
Dentro de la conciencia analítica se manifiestan las percepciones sensibles acerca de la locura, existe una conciencia palpable del reconocimiento de la locura. La propiedad para enunciar la locura deja se la del yo con el loco, y pasa a ser del loco con los otros (conciencia inquisidora si se toma la imagen de “El gran inquisidor”, óleo de Ismael de la Serna, en la que el juez mira un acto de marionetas), el loco es el otro en medio de los otros, por lo tanto hay una identificación inmediata, lo que produce el ver al loco como algo cercano, no obstante la locura para el yo es lejana (no se sabe lo que es la locura puesto que se determina solo al loco como objeto dentro del mundo).
Hay aquí una identificaron de dos preguntas la pregunta medica y la pregunta critica, en este caso solo profundizaremos en la pregunta medica en pos de seguir el curso regular del ensayo. La pregunta médica sitúa a la locura en un ámbito natural, por tanto sitúa a la locura ya no en un ámbito negativo, sino más bien en uno positivo. Esto mezclado con la pretensión de la conciencia analítica que busca identificar en la locura aquello que hable de si (razón), nos dará paso a hablar de los rostros de la locura, para luego enmarcarlos en la ciencia moderna medicalizada.
En el siglo XIII los Nosografos, comienzan a identificar tipos de locura, clasificándolos y agrupándolos, con esto la locura pasa a ser otra mal dentro de las enfermedades. Toma también la locura ante la razón una doble razón de ser, “yo soy razonable, el loco es irracional.”, pero con un objetivo medico también la locura merece ser estudiada y comprendida, en la búsqueda Nosografica, se encuentra también la razón.
En “los rostros de la locura” nos movemos dentro de la pregunta médica hacia la locura, pero no hay separación con la pregunta analítica puesto que siempre es desde la razón, un ejemplo claro de esto es por ejemplo en la melancolía donde es identificable desde tiempos antiguos la razón en ella, “los melancólicos son gentes que, fuera de eso, son muy inteligentes y sensatos, que poseen una penetración y una sagacidad extraordinarias. Aristóteles también observó con razón que los melancólicos tienen más discernimiento que los otros”.
La locura es una negatividad en la época clásica hasta la medicalizacion, este es el objetivo central de este capitulo, mostrar como hay un cambio de sentido en la mirada a la locura. Bajo los rostros de la locura del análisis medico, se realiza un relación entre la SIN-RAZÓN (sentido ultimo de la locura) y la racionalidad como forma de la verdad.
En la distinción grupal de los rostros de la locura el primer rostro es la demencia, en la época clásica es la demencia la enfermedad del espíritu mas cercana a la esencia de la locura, pero la locura entendida en todo lo negativo, o sea desorden, descomposición, no-razón, no-verdad.
La demencia es en el espíritu solo azar y determinismo total, todos los efectos pueden producirse porque todas las causas pueden provocarla. No tiene síntomas, pero es la posibilidad abierta de todos los síntomas de la locura.
Willis otorga como síntoma de la demencia a la stupiditas “la estupidez es, el defecto de la inteligencia y del juicio”, ataque a la razón.
Sin embargo no es posible establecer a la estupidez como primer síntoma, debido a que el alma racional no esta en el cuerpo sin una mediación:
“anima sensitiva sive corporea” (mente sensible o bien corporea). Es quien lleva los poderes intermediarios y mediadores de la imaginación y de la memoria. En la demencia es trastocada en la mediación, en consecuencia la imaginación y la memoria.
La demencia supone la afección del cerebro, la afección de los espíritus, o bien puede ser también una afección mixta, la demencia es en la época clásica, la locura situada en el sistema nervioso. Al ser parte de este sistema se medicaliza la locura por la demencia y adquiere de manera patente un carácter positivo.
A pesar de la identificación de la demencia como una afección dentro del sistema nervioso, no es posible en la época clásica, definirla como una patología al no haber sintomatología para la misma. Naturalmente no le pertenece ninguna forma de violencia, delirio o alucinación. Su verdad solo está hecha por una yuxtaposición de causas naturales que pueden ser totalmente distintos el nivel, el orden o la naturaleza. Y por una serie de efectos, que la única causa común es la ausencia o el funcionamiento defectuoso de la razón.
En este de la medicalización caso se contraponen la positividad fragmentaria de la naturaleza y la negatividad homogénea de la sin razón, en otras palabras, choca el ser de la naturaleza con el no-ser de la sin razón.
La tarea pues de la nosografía, al no poder determinar la demencia por si sola comienza a encerrarla cual Platón al sofista. La demencia queda limitada a dos grupos de conceptos vecinos: demencia y frenesí, y demencia y estupidez.
El objetivo primordial de la nosografía es encontrar sintomatología aunque sea la que no tiene la demencia, hace una inversión del método tradicional en la búsqueda de síntomas de una enfermedad, nos encontramos que a pesar de la positividad de la locura por la medicalizacion, esta se segmenta debido a que la demencia sigue en la negatividad por su ocultamiento a la medicina.
El frenesí siempre va acompañado de fiebre, mientras la demencia es apirética, la caracterización del frenesí según Cullen nos es revelada de la siguiente manera: “Los signos mas ciertos del frenesí son la fiebre aguda, un violento dolor de cabeza, la rojez, la hinchazón de la cabeza y de los ojos, tercos insomnios; el enfermo no puede soportar la impresión de la luz ni del menor ruido; se entrega a movimientos apasionados y furiosos.”
Hay un calor de tipo físico otro de tipo químico. El calor físico es producido por el exceso de movimientos, frecuentes, rápidos, que provocan un calentamiento por frote. Esa mi juicio el exceso de presión sanguínea, la alta a la normalidad de sangre irradiada al cerebro lo que provoca el calentamiento de los vasos por presión y roce. El calor de tipo químico es provocado al contrario por una ebullición sanguínea por inmovilidad, fermentación de sustancias en vegetación.
La noción hasta aquí sigue siendo abstracta y negativa, mientras que el frenesí se organiza por temas cualitativos, la ordena una dinámica de la inflamación.
La demencia y la estupidez en la practica son tratados como sinónimos, sin embargo poco a poco se va estableciendo una diferenciación etarea “la demencia es una especie de incapacidad de juzgar y de razonar sanamente; ha recibido diferentes nombres, según las distintas edades en que se manifiesta; en la infancia se llama ordinariamente tontería, simpleza; se la llama imbecilidad cuando se extiende a la edad de la razón; y cuando llega a la vejez se la conoce con el titulo de chochera o de segunda infancia”.
Luego de esto, más adelante se profundiza en la diferencia entre demencia y estupidez ya no solo como algo cronológico, sino que como oposición al mundo de la acción. El estupido es insensible a los estímulos, mientras que al demente les son indiferentes. Al estupido se le niega la realidad del mundo (negación de -por- si mismo ante la realidad), mientras que al demente no le importa.
Para Pinel la diferencia entre demencia y estupidez radica y es en suma una distinción de movimiento, el idiota está en una cierta parálisis del entendimiento y de los afectos morales, mientras que en el demente hay movimiento, puesto que se piensa, pero este pensamiento es en el vacío.
La demencia sigue estando muy cercana a la sin razón, es el mas sencillo de los conceptos médicos de alineación, el menos abierto a evaluaciones morales, a los sueños de la imaginación, pero es el mas incoherente en un sentido secreto.
En la actualidad la demencia ya no es tratada como locura, ya está completamente sintomatizada, las causas y efectos son totalmente sabidos e incluso es previsible. La demencia en la actualidad se refiere a un deterioro significativo de la memoria y de la función cognitiva que ocurre en una persona que anteriormente poseía capacidades intelectuales normales. Existe, por supuesto un leve deterioro normal en la memoria que ocurre en casi todos nosotros a medida que envejecemos. Con el envejecimiento normal, el deterioro es leve y no interfiere con las actividades normales. Pero en una persona que padece demencia, la capacidad para funcionar de manera normal e independiente se reduce. La mayoría de los casos de demencia se deben a la pérdida o daño de una porción de los 100 mil millones de células nerviosas del cerebro, o a los mil millardos de conexiones por medio de las cuales cada célula nerviosa se comunica con las demás.
Existen muchas causas para la demencia. Las enfermedades más conocidas que ocasionan demencia, como la enfermedad de Alzheimer (EA), tienden a ocurrir en personas de edad avanzada y a empeorar con el paso del tiempo. Otros tipos de demencia son causados por uno o más episodios de daño cerebral, o incluso un solo y severo golpe en la cabeza. Si la condición se diagnostica a tiempo, es posible evitar algunas de las causas de la demencia o hasta revertir su curso. Entre los ejemplos de las causas de demencia que se pueden tratar fácilmente se incluyen: coágulos de sangre que ejercen presión en la parte externa del cerebro (hematomas subdurales); la falta de vitamina B12; disfunción tiroidea; tumores cerebrales benignos; o exceso de líquido en las cavidades o ventrículos del cerebro (hidrocefalia con presión normal).
Las demencias más comunes que ocurren entre las personas de edad avanzada surgen de trastornos degenerativos progresivos, lo cual significa que la persona empeora con el paso del tiempo. Aún se desconoce la causa exacta de cada una de estas condiciones. La primera en la lista es la enfermedad de Alzheimer que es la responsable de más del 50% de la demencia en personas de edad avanzada. Pero existe una variedad de condiciones no tan comunes que también puede ocasionar una demencia progresiva. Algunas de estas condiciones incluyen demencia fronto-temporal (enfermedad de "pick"), la enfermedad de Parkinson, o demencia con cuerpos de Lewy, una condición similar a la de Parkinson que involucra la corteza externa del cerebro. Finalmente, las personas que padecen estrechez en los vasos sanguíneos pequeños o grandes, que abastecen el cerebro, también pueden desarrollar demencia, algunas veces seguida de una serie de pequeños derrames cerebrales en las que se presenta una leve debilidad, trastornos en el habla o entumecimiento, pero algunas veces sin poder definir el origen de los eventos.
Aunque la demencia es muy rara en personas jóvenes y de mediana edad, su probabilidad aumenta con la edad. A los 60 años sólo el uno o dos por ciento de las personas padecen demencia. Pero el porcentaje aumenta al doble cada cinco años en lo sucesivo. El riesgo de desarrollar demencia es 20 a 30 veces mayor en las personas que tienen 85 años comparado con aquellas que tienen 60. De todas estas personas que viven después de cumplir 85, casi la mitad sufre de algún grado de demencia, y aproximadamente el 20 por ciento se encuentra gravemente incapacitados por esta condición. Existe el paso en la modernidad de la clínica, al encierro en el asilo de ancianos. Con esto la carga de negatividad no es sacada fuera de ella, ahora la vejez es parte de la negatividad de la demencia. La demencia es la causa más común por la que se ingresa a una persona en un hogar para cuidado de ancianos. La demencia a pesar de eso no pierde su carácter de exclusión y de molestia dentro de la sociedad normalizada.
Las demencias progresivas, como la enfermedad de Alzheimer, se inician en forma muy gradual e insidiosa. Probablemente existe un período de muchos años durante el cual las células nerviosas se dañan o mueren, antes de que se manifieste algún cambio mental. Cuando la pérdida de células nerviosas alcanza un nivel crítico, los síntomas usualmente empiezan con pérdida de la memoria. Muchas personas que padecen demencia desarrollan comportamientos problemáticos, los que pueden ser más inquietantes que la pérdida de sus capacidades y aptitudes. Este comportamiento incluye ira sin justificación o comportamiento agresivo, alucinaciones o delirios, actividades motrices intensas como pasearse nerviosamente, cambios en las funciones del organismo, a veces con alteración en los patrones del sueño e incontinencia urinaria o del intestino. Vemos como se unifican ciertos patrones excluidos en la época clásica.
El diagnóstico de la demencia se realiza en tres etapas:
Primero, ¿existe algún deterioro significativo de las funciones mentales?
Segundo, ¿el deterioro se debe a demencia o a un proceso neurológico distinto, más aislado, (por ejemplo un derrame cerebral)?
Tercero, ¿cuál es la causa de la demencia?
Los médicos calificados para diagnosticar demencia son generalmente los neurólogos, psiquiatras o los geriatras especializados en este problema.
Este examen empieza con una historia detallada de los trastornos de la memoria e intelectuales, describiendo la naturaleza y avance de los síntomas de la persona. Un examen físico general más un examen sobre el estado neurológico y mental forman parte de la evaluación inicial.
El siguiente paso frecuentemente es una detallada evaluación psicológica del individuo. Esta evaluación puede demostrar si existe deterioro en su memoria y su función intelectual y la magnitud del problema.
Varios estudios de laboratorio, incluyendo imágenes del cerebro (exploración por resonancia magnética), análisis de sangre, etc., iniciados tan pronto como sea posible, sirven para distinguir las distintas causas de la demencia e identificar las condiciones que se pueden tratar que puedan originar o contribuir a la demencia.
Las causas de la demencia provienen de muchas enfermedades distintas, y cada enfermedad tiene un patrón diferente. La demencia que se puede tratar, por ejemplo la ocasionada por el hipotiroidismo, deficiencia de vitamina B12, o por un hematoma subdural, a menudo mejora y la persona puede regresar a su condición normal o casi normal, una vez que la condición fundamental es detectada y tratada. Esto es posible únicamente si el daño no ha llegado a ser irreversible.
La demencia debido a un evento único, como un golpe en la cabeza, un derrame cerebral o un episodio de encefalitis, puede mejorar durante varios meses y luego permanecer sin cambio alguno o "estática", indefinidamente.
La demencia ocasionada por la enfermedad de Alzheimer empeora con el paso de los años. El curso es invariablemente cuesta abajo, pero el índice de deterioro de las facultades de la persona varía en forma considerable. Normalmente, dentro de tres o cuatro años, una persona con enfermedad de Alzheimer es moderadamente dependiente de sus semejantes para realizar sus actividades diarias.
Algunas causas de demencia, que ocurren con muy poca frecuencia, pueden progresar con rapidez. La enfermedad de Creutzfeldt-Jakob (ECJ), (es un raro trastorno del cerebro, degenerativo e invariablemente mortal. En las etapas iniciales de la enfermedad, los pacientes sufren falla de la memoria, cambios de comportamiento, falta de coordinación y perturbaciones visuales. A medida que progresa la enfermedad, el deterioro mental se hace pronunciado y pueden ocurrir movimientos involuntarios, ceguera, debilidad de las extremidades y coma).
La enfermedad de Alzheimer tiene varias causas, incluyendo no menos de tres distintas mutaciones genéticas que afectan las formas familiares poco comunes, por lo menos un gen que aumenta el riesgo de desarrollar la enfermedad de Alzheimer, y la edad avanzada, la cual es el factor de riesgo más importante y poderoso conocido hasta ahora. La pérdida o muerte de las células nerviosas y sus conexiones ("uniones sinápticas") en regiones estratégicas del cerebro ocasiona un deterioro en las funciones mentales, incluyendo la pérdida de células nerviosas en regiones específicas, "placas seniles" y "enredos neurofibrilares".
Las teorías actuales sugieren que la acumulación en el cerebro de proteínas anormales, llamadas "beta amiloide", que se encuentran en las placas seniles, puede contribuir materialmente a la muerte de las células nerviosas. En algunos casos de EA existen anormalidades en la descomposición química de una proteína progenitora, llamada "proteína precursora amiloidea", para formar un exceso de proteínas beta amiloideas. Las otras teorías indican anormalidades de una proteína diferente ("tau"), que se acumula en las células nerviosas en forma de enredos neurofibrilares; daño debido a la oxidación por radicales libres de oxígeno; desnaturalización de las proteínas fundamentales del cerebro; disminución de la capacidad de convertir los nutrientes en energía; y deterioro en el flujo sanguíneo hacia el cerebro.
Para la gran mayoría de personas que padecen demencia, el diagnóstico de la enfermedad de Alzheimer se hace generalmente al eliminar las otras causas de demencia utilizando un examen clínico minucioso y las pruebas de laboratorio. La exploración por resonancia magnética puede revelar la pérdida de tejido en una región muy importante del cerebro (lóbulo temporal medio). Y el análisis del líquido cefalorraquídeo (cerebroespinal), que se obtiene por medio de una punción lumbar, puede mostrar los cambios químicos (disminución en la cantidad de proteínas beta amiloideas o elevaciones de proteínas tau).
Existen tres estrategias de tratamiento que se utilizan actualmente:
Mejorar la función de las células nerviosas/sinapsis restantes con medicamentos "anticolinesterásicos", prevenir que otras condiciones no relacionadas dañen las células nerviosas restantes, controlar algunas anormalidades en el comportamiento.
Las células nerviosas normales se envían señales entre sí al secretar una pequeña cantidad de un químico llamado "neurotransmisor" que se adhiere a un "receptor" en otra célula nerviosa, ajustándose como una llave en una cerradura. Los enormes números de estas señales en un patrón determinado representan información para el cerebro. Y a medida que las señales se repiten, forman patrones fijos que se convierten en nuevas memorias. Un neurotransmisor que juega un papel importante en la formación de nuevas memorias es la sustancia química "acetilcolina", pero ésta permanece en el receptor sólo durante un breve período y se elimina rápidamente por medio de una enzima (acetilcolina). De tal manera, debido a que muchas células nerviosas que producen acetilcolina frecuentemente son dañadas y se pierden al inicio del curso de la enfermedad de Alzheimer, resultan inadecuadas las cantidades acetilcolina restantes necesarias para formar nuevas memorias. Los medicamentos anticolinesterásicos, permiten que la acetilcolina permanezca en el receptor durante más tiempo, contrarrestando la acción de la enzima acetilcolina y de esta manera mejorando la memoria de las personas que padecen Alzheimer.
Las personas con enfermedad de Alzheimer pierden células nerviosas a causa de la enfermedad. Debido a esto, los pacientes son especialmente vulnerables a otras condiciones que pueden dañar las células nerviosas tales como derrames o lesiones a la cabeza. La eliminación de los factores de riesgo (por ejemplo, disminuir el colesterol o reducir la presión arterial) pueden evitar que estas condiciones aceleren el proceso de la demencia.
Debido a que existen muchas causas para la demencia, cada tratamiento depende de su origen específico.
Los tumores cerebrales benignos y los coágulos de sangre se pueden eliminar quirúrgicamente, cuando sea indicado.
Las inyecciones de vitamina B12 pueden revertir las deficiencias.
Se pueden administrar hormonas tiroideas a los pacientes con hipotiroidismo.
Se pueden administrar antidepresivos a los pacientes que sufren de depresión.
Se puede drenar el exceso de líquido de los ventrículos del cerebro por medio de un procedimiento quirúrgico denominado shunt.

En el siglo XVI la noción de melancolía estaba formada por ciertos síntomas consistentes en todas las ideas delirantes de sí mismo.
Sus causas se basan en el humor negro que hay en el cerebro, el delirio parcial y la acción de la bilis negra se asocian en la noción de melancolía.
La melancolía en el siglo XVI se puede resumir en cuatro puntos fundamentales:
*-La causalidad de las sustancias es re-emplazada por las cualidades, que se transmiten del cuerpo al alma sin soporte.
*-Estas cualidades tienen una dinámica: el frió y la sequedad entran en conflicto con el temperamento (acá se genera una enajenación de lo natural en cuanto a la melancolía en las mujeres. Las mujeres por su naturaleza son poco accesibles a la melancolía, los síntomas se exacerban cuando la melancolía las ataca.)
*-El conflicto puede nacer dentro de la misma cualidad. (en el calor por ejemplo la llama de la vela puede ser apagada por un montón de cera volteada, produciéndose el enfriamiento.)
*-circunstancias, accidentes y condiciones de la vida pueden modificar las cualidades, así un ser frío y seco, puede ser húmedo y caliente.
La melancolía es una unidad simbólica en aquel tiempo, formada por la languidez de los fluidos, por el oscurecimiento de los espíritus y por la sombra que estos extienden sobre las imágenes de las cosas, por la viscosidad de la sangre que difícilmente se mueve por los vasos, por el espesor de los vapores que se ennegrecen, por funciones viscerales que se han hecho mas lentas, como si los órganos se viesen cubiertos por una viscosidad.
Para explicar la melancolía, me referiré a la diferenciación entre la manía y la melancolía.
El espíritu melancólico está ocupado con la reflexión, por tanto la imaginación permanece en reposo, en ociosidad. Mientras que en el maniaco, la fantasía y la imaginación están ocupadas por un flujo perpetuo de pensamientos.
El espíritu melancólico sobre un objeto, único, y al que loe atribuye proporciones irrazonables. El maniaco deforma objetos y nociones; o bien los objetos pierden su congruencia, o está falseada su representación.
La melancolía se presenta siempre acompañada de miedo y tristeza, mientras en el maniaco se observa la audacia y el furor.
La noción metafísica de los espíritus que se usaba para explicar la manía y la melancolía cambia en el siglo XVIII, por una visión más simbólica y física de las tensiones o distensiones de los nervios, vasos y fibras orgánicas.
La manía en esta visión se considera entonces una tensión de las fibras llevadas a su excitación, y el maniaco como una especie de instrumento cuyas cuerdas, por el efecto de un arrastre exagerado, comenzaran a vibrar con la excitación más débil y lejana. El melancólico en cambio ya no es capaz de resonar movido por el mundo exterior; esto es por dos razones, o sus fibras están distendidas, o han sido inmovilizadas por una tensión muy grande. Solamente algunas fibras resuenan en el melancólico, y son precisamente aquellas que corresponden al punto donde se localiza el delirio, o sea al objeto de delirio.
Para explicar la manía y la melancolía no se parte de la observación para llegar a imágenes explicativas, sino que se parte al revés, lo imaginario determina el significado sintomático.
Willis es quien pone en relación comprobada a la manía y la melancolía, señalando la alternación como maniaco-depresivo. Descubre un parentesco interior entre ambos males. Cuando la diátesis (propensión) melancólica se agrava, se convierte en furor; al contrario cuando el furor decrece se transforma en la diátesis atrabiliaria. “la llama, con un vivo movimiento disipa el humo; pero éste, al volver a reunirse, apaga la llama y extiende su claridad”.
Ahora la melancolía da paso a un mal pandémico en la sociedad actual, Paco Taibo lo describe asi “Yo de niño admiré la melancolía que invadía a las jovencitas, de cara desteñida por los polvos de arroz, y fui testigo de cómo cuando alguna joven era afectada por la melancolía la sentaban junto a la orilla de un río para que las aguas arrastraran eso que más tarde conocimos como la depresión.
La melancolía no era tanto un mal como una ausencia de males y de bienes, un estar sin estar, un dolor que no podía ser corregido por el aceite de hígado de bacalao, ni tan siquiera por el amor de un joven poeta recién llegado.
Llegaba la melancolía aterrando a los padres de la melancolía que no sabían cómo remediar tal conflicto emocional. Probaban los padres en llevar a la niña melancólica a París, incluso comprándole vestidos de tafetán; todo inútil.
La melancolía no se quitaba sino de la misma forma en como había llegado; sin más ni más, sin más ni menos.
Un día descubrimos que ya no había lugar en el mundo para la melancolía, que había quedado fuera de moda y sin asideros románticos. Su lugar estaba ocupado por un nuevo concepto: la depresión.
La depresión llegó empujada por el conocimiento de que ni el mundo ni el ser humano tenían remedio.
La melancolía era una flor que las aguas del río se llevaban y la depresión es una tormenta que termina con todos los ríos.
Antes cuando la niña entraba en periodo melancólico se recurría a remedios románticos, ahora cuando la depresión entra en un país, en una ciudad o en una casa sólo queda cerrar los ojos y esperar a que amaine.
Una amiga mía, muy joven, ha caído recientemente en la depresión, a sus amigos sólo nos cabe esperar a que salga de ese oscuro túnel y vuelva a sonreír.
Pero la cosa no es fácil ya que ni mi amiga ni los que la rodeamos sabemos si al final del túnel habrá una luz o seguirá otro túnel.”
Para hablar de depresión debemos precisar algunos términos.
El neurotransmisor es la sustancia química que interviene en la producción de impulsos nerviosos en las uniones sinápticas entre neuronas o entre una neurona y el órgano que inerva. Una sinapsis consta de un botón pre-sináptico, una hendidura sináptica y una superficie post sináptica. Los neurotransmisores se liberan por lo botones pre-sinápticos, en la transmisión del impulso nervioso y, pasan de las hendiduras sinápticas a las superficies post-sinápticas. En esta superficie se fijan a receptores específicos, originándose una respuesta concreta.
El neurotransmisor llamado Dopamina esencial para el funcionamiento del sistema
Nervioso central. Durante el tratamiento nervioso, la dopamina pasa de una célula
Nerviosa o neurona a otra y desempeña u papel clave en el funcionamiento cerebral y la conducta humana. La dopamina se forma a partir de un precursor llamado dopa, que se sintetiza en le hígado a partir del aminoácido tiroxina. El sistema circulatorio transporta la dopa a las neuronas cerebrales, donde tiene lugar la transformación en dopamina.
En la depresión no se disminuyen ni aumentan los niveles de serotonína ni de dopamina (estrictamente ligada a la producción de deseo por el sistema nervioso central), sino que se produce un des-balance en el sistema.
El tratamiento de la depresión es con inhibidores de la monoaminooxidasa (MAO), debido a que esta encima es la que des-regulariza la sinapsis, por lo tanto no deja funcionar a la serotonína ni a la dopamina. Al inhibir la MAO en el SNC se produce un “re-seting” del sistema.
Cabe mencionar que la monoaminooxidasa es producida al igual que la bilis negra- causante del humor negro, y causa fundamental de la melancolía- en el hígado. Podemos pensar la estrecha interrelación de la dopamina, la bilis negra y la MAO. Cuando baja la producción de monoaminooxidasa baja la producción de deseo, siempre y cuando el cuerpo no pueda controlar esta producción con la dopamina y la serotonína, el problema es que la misma MAO des-regulariza a la dopamina y a la serotonína, produce el desbalance necesario para la depresión.

En la modernidad los rostros de la locura ya no son los mismos, cada rostro ha sido normalizado, clinicalizado, o asilado, siempre en el encierro por cierto en sus rostros mas feroces.
Se da paso a un rostro que si da cuenta de la locura en la actualidad, la esquizofrenia se lleva consigo la historia de la lepra, el delirio, la demencia, la manía, la melancolía, y a su vez todos los rostros que enmarcaban la locura en la época clásica. Con la irrupción de la ciencia moderna, si bien se da solución a la antes (“mal”) llamada locura, en ningún caso hace perder la negatividad de la enfermedad, puesto que pone de manifiesto al cuerpo anormal.

Friday, March 24, 2006

"la obra de arte en la epoca de su reproductibilidad tecnica"
Benjamin parte de un determinado tipo de relación entre obra y receptor, que califica como aurática. Lo que Benjamin llama aura puede traducirse bastante fielmente en el concepto de inaccesibilidad: “la manifestación extraordinaria de una lejanía, por cerca que pueda estar”. El arte tiene características dadas por el aura, entendido aura como el aquí y el ahora (autenticidad) de la obra de arte, su existencia irrepetible. La obra de arte se ensambla en un contexto con una tradición, la tradición constituye la unicidad de la obra de arte. El aura procede del rito del culto, pero Benjamín piensa que la esencia de la recepción aurática también caracteriza al arte desacralizado tal y como se ha desarrollado desde el renacimiento.
A benjamin no le parece tan decisiva para la historia del arte la ruptura entre el arte sacro de la edad media y el profano del renacimiento como resultado de la perdida del aura. Esta ruptura se desprende, según Benjamin, de la transformación de las técnicas de reproducción. Para él, la recepción aurática depende de categorías como singularidad y autenticidad.
La época del arte sacro, en la que éste estaba ligado a los rituales de la iglesia, y la época del arte autónomo, que llega con la sociedad burguesa y que produce un nuevo tipo de recepción (la estética) al liberarse del ritual, coinciden, para Benjamin, bajo el concepto de “arte aurático”.
La reproductibilidad técnica produce la transformación del arte, tritura el aura, el arte se desvincula de la tradición, haciendo a la obra masiva, en vez de irrepetible. La reproductibilidad técnica es quien desliga al arte de su fundamento cultual (el arte destinado al culto –religioso y místico-), y por esto la autonomía del arte se extingue para siempre.
Podemos resumir lo anterior dando cuatro conceptos, que representan el antes y el después de la reproductibilidad técnica como influencia de obra de arte, estos conceptos son:

Singularidad / Repetición
Perduración / Fugacidad


Es aberrante la disputa de la pintura y la fotografía (en cuanto al valor artístico.). En esta disputa ninguna de las dos partes era consciente del trastorno de la historia universal. Benjamin critica la pregunta de sí la fotografía es un arte, nos muestra que existe una pregunta que debe antecederla, y que es, si la fotografía modifica por entero el carácter de arte. Dentro de transformación del arte, en la discusión de sí la fotografía y el cine son artes, se olvida el tema que la historia universal ha cambiado radicalmente, por que nunca antes se habían reproducido las artes al servicio del capital (al hacer el arte masivo se expande el capital.).
“...Cuando a una obra de arte se le abstrae de su contexto original y se la trata de una forma diferente, cambia su significado. Descontextualizar una obra equivale en realidad a desemantizarla, y por extensión, recontextualizarla para conferirle otro significado. Más aún, en la misma medida que una obra de arte podría perder su significado intencionado cuando se la saca de su contexto, así mismo un objeto también podrá adquirir un significado diferente cuando se le trate como obra de arte...”

Siguiendo por este camino errado, los teóricos del cine se plantearon precipitadamente lo que correspondía. Las dificultades que la estética tradicional sufrió con la fotografía no eran nada comparadas con las que el cine le deparaba.
Los teóricos del cine tratan de darle a este, características cultuales, para lograr ensamblarlo dentro de la categoría de arte.
Abel Gance y Alexandre Arnoux buscan la importancia del cine en la misma dirección, ya no en lo sacro, sino que en lo sobrenatural.
Werfel afirma, que lo que ha obstruido el camino para que el cine ascienda al reino del arte es, la copia estéril del mundo.
Con la incorporación del cine y la fotografía, la obra de arte pierde su valor cultual y adquiere un valor exhibitivo, esto es gracias al desarrollo de la reproducción técnica, que su función es mostrar y hacer publicar la obra de arte.

Benjamin hace una comparación entre el actor de cine y el actor de teatro. El cine es la contrapartida mas resuelta del teatro. El actor de cine actúa por medio de un mecanismo, en cambio el actor teatral lo hace en persona frente al publico.
La mediación mecánica del actor de cine tiene dos consecuencias:
1°- La actuación no es respetada en su totalidad, en la actuación, el plano óptico con que el espectador ve al actor, esta demarcada por las tomas de la cámara con que es captado el actor. La serie de posiciones de la cámara, constituye la película montada. La actuación del actor está sometida a una serie de test ópticos.
2°- El actor de teatro posee una posibilidad, que es poder modificar su actuación con respecto al publico que esté en su función. En cambio la actuación del actor de cine está aplacada con respecto a esta posibilidad.
Ante el actor de cine, el espectador se encuentra como un experto que dictamina sin ningún tipo de contacto con el artista. El espectador solo puede compenetrarse con el actor en tanto se compenetre con el aparato mediador.
Existe una recepción masiva del arte en oposición a la observación de un individuo, de una obra de arte. La recepción condicionada por la masificación, no es cuantitativa, sino cualitativa, entonces existe una dispersión, una disipación (en el cine distinto de la obra). Con el recogimiento (adentrarse en la obra), y con la dispersión (sumergir en una obra), la gente cambia la percepción (esto aumenta con el cine), el publico busca satisfacer las sensaciones, esto a su vez transforma la sensibilidad de la gente del cine (goce estético de la destrucción).
Esta masificación podemos verla en la actualidad intensificada con la televisión, los periódicos, la radio, Internet, etc. Para Baudrillard vivimos en un mundo donde existe cada vez más información, y cada vez menos significado. La perdida del significado esta directamente relacionada a la acción disuasoria y desintegradora de la información, los medios de comunicación. Aunque consideremos que la información produce significado de hecho ocurre lo contrario. Es precisamente el exceso de información lo que niega el significado: “la información devora su propio contenido. Devora la comunicación y el intercambio social”. La imagen en sí misma se ha convertido en una nueva realidad, o hiperrealidad, un mundo virtual que flota sobre el mundo real en su propio envoltorio. En lugar de juicio estético lo que encontramos es una fascinación obscena por el exceso.
En la relación del cine con el publico, no hay valor cultual hacia las personas, sino hacia la maquinaria (queda sin aquí y ahora).

Benjamin critica el uso del arte por el arte (l ’ art pour l ’ art) y la transformación del arte por el uso de la técnica (fascismo).
La razón de ello puede consistir, entre otras cosas, en que con el movimiento de l ’ art pour l ’ art y el esteticismo se verifica algo así como una vuelta a lo sagrado (o vuelta al ritual) en el arte. Pero ésta no tiene nada que ver con la antigua función sacra del arte. Aquí el arte no se somete a un ritual eclesiástico del que obtiene su valor de uso; proyecta mas bien un ritual hacia el exterior. En lugar de incorporarse al ámbito de lo sagrado, el arte se pone en el lugar de la religión. La llamada desacralización del arte del esteticismo presupone, entonces, su total emancipación respecto a lo sagrado, y en ningún caso puede ser equiparada con el carácter sagrado del arte medieval.

La reproductibilidad técnica genera cambios políticos también, a los cuales se asiste como especialista a un deporte (perito). En la literatura por ejemplo existe un autor y muchos lectores, se masifica la escritura y todos tienen la posibilidad de ser autores, a partir del siglo diecinueve. En el cine quien estuvo en la revolución, hace película de la revolución, es autor y actor de su propia vida.

Existe una proletarización o sea aumento de trabajadores para el capital, alineación creciente (a expresión del fascismo de por sí moviliza las masas, pero no cambia las condiciones de propiedad) y así se hace estética la vida política, entonces culmina en la guerra (desarrollo de la técnica). La politización del arte es la respuesta del comunismo a la movilización fascista de las masas.
El cine no solo aliena al actor: “se siente como en exilio. Exiliado no solo de la escena, sino de su propia persona. Con un oscuro malestar percibe el vacío inexplicable debido a que su cuerpo se convierte en un síntoma de deficiencia que se volatiliza y al que se expolia de su realidad, de su vida, de voz y de los ruidos que produce al moverse, transformándose entonces en una imagen muda que tiembla en la pantalla un instante y que desaparece enseguida quedamente... la pequeña maquina representa ante el publico su sombra, pero el tiene que contentarse con representar ante la maquina” sino que también lo violenta, le obliga a despojarse de su aura, de su aquí y ahora.
El actor de cine en la época de la reproductibilidad técnica no es mas que un producto del cine, un producto burgués al servicio de la maquinaria avasalladora del cine, y de quien sustente la idea de imagen y la imagen misma.